26 September 2016

Me crié en el barrio de Eirís, en A Coruña, y aunque ha cambiado mucho desde entonces, aún recuerdo con cariño la vida de barrio. Salir a la calle y vivir un ambiente casi de pueblo, donde conoces a casi todo el mundo, es una sensación muy diferente a lo que hoy en día es habitual en las ciudades, donde te cruzas con gente anónima, muchas veces apresurada con la que no interactúas.

Gran parte de mis recuerdos del barrio vienen de las pequeñas tiendas y comercios, hoy prácticamente desaparecidos. Recuerdo ir a comprar el pan de pequeño y que la panadera, mientras atendía a una cola considerable de gente que al mismo tiempo que compraba se ponía al día de cotilleos varios, metía lo que yo quería en una bolsa y me lo colocaba en una esquina del mostrador, sin yo decirle nada, para que no tuviese que esperar. Por supuesto no había que pagar, ella lo apuntaba. También recuerdo ir a alguna mercería (los menores de 30 podéis buscar mercería en Internet) a recitar de memoria lo que mi madre me había dicho y que por supuesto yo no tenía ni la más remota idea de para qué servía. Aún así nunca tenía problema porque la dependienta ya sabía de sobra como lo quería mi madre. Por supuesto también lo apuntaba. Pero sin duda lo que más me sorprendía era cuando mi madre llegaba cargada con un montón de camisas de la tienda de ropa del barrio. Cuando mi padre llegaba a casa se ponía a probarlas, elegían unas cuantas que les gustaban y al día siguiente mi madre volvía a la tienda con las no elegidas y arreglaba cuentas con la tendera.

Todo eso se ha ido perdiendo, las grandes superficies se han ido comiendo poco a poco las tiendas de barrio y los pequeños comercios. Se dice que ir a una gran superficie a comprar es más cómodo, que tienes todo lo que necesitas en un mismo sitio, que los precios son mejores… yo la verdad comodidades les encuentro pocas, voy porque no me queda más remedio, porque en mi barrio ya no hay tiendas ni comercios.

La era digital y las compras por Internet

La siguiente evolución natural a las grandes superficies en esta sociedad digital en la que estamos son las comprar por Internet, que poco a poco van ganando adeptos. Aquí la ventaja de las grandes superficies es que tienen músculo para reconvertirse así que supongo que no desaparecerán, si no que se transformarán, ya lo están haciendo de hecho.

Comprar por Internet si tiene sus ventajas, pocas cosas son más cómodas. A golpe de click de ratón tienes cualquier producto, sea lo que sea, y puedes comparar precios entre cientos de tiendas sin moverte, cuando te decides te lo traen a casa y listo, qué más se puede pedir?. Pues el trato, por ejemplo. La calidez en el trato humano, la confianza que se tenía con una tendera o tendero de barrio es algo complicado de conseguir por Internet, también en una gran superficie. Las marcas lo intentan, conscientes de que las personas nos podemos decantar por esos pequeños detalles, cuando el precio es algo que casi ha dejado de ser ya el lugar de batalla.

Las tiendas online de barrio

Lo bueno de las tiendas online es que cualquiera puede crear una, más o menos. La inversión de crear un negocio online es sensiblemente menor que la de una tienda física. Es fácil contratar servicios de mensajería que hacen que la logística sea sencilla o al menos asumible por un equipo muy pequeño, los métodos de pago son sencillos, etc… pero se puede llegar a tener el trato de una tienda de barrio en una tienda online?

Pues yo creo que sí, porque lo tengo. Hace tiempo descubrí Valdwindcycles, una tienda online de material relacionado con el ciclismo, que os sonará porque ya he hablado de ella aquí y de las colaboraciones con su blog.

La relación con Jorge, el alma detrás de la tienda, empezó como una relación cliente-vendedor normal, sin embargo creció en poco tiempo de forma natural. El hecho de que haya una cara detrás de una tienda online, como la había detrás de un mostrador en una tienda de barrio, hace que la experiencia cambie. Hay un montón de detalles que me recuerdan a cuando compraba en los comercios de mi barrio, el trato cercano, el asesoramiento, el mimo en los envíos, siempre con algún detalle, da igual que sea la primera vez que compres o la quinta, como cuando el tendero añadía un puñado de caramelos extra después de haberlos pesado…

Esto no sé si le gustará mucho que lo cuente, pero últimamente ni uso casi la tienda, sólo envío un mensaje del tipo Jorge necesito esto, y al día siguiente lo tengo en casa, ya ni necesito darle la dirección de envío, y luego ya hacemos cuentas… no os recuerda a algo? Pues eso, las tiendas de barrio vuelven… online.

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