31 May 2017

El metro de Londres es probablemente uno de los más icónicos y el más antiguo del mundo con más de 150 años de funcionamiento. Su mapa de líneas es igualmente icónico y seguramente también de los más reproducidos.

Pero hasta llegar al actual, este mapa pasó por diferentes estados. En los primeros años del siglo XX los mapas del metro de Londres se asemejaban a cualquier otro mapa. No sólo mostraban las líneas de metro sino que reproducían fielmente también las calles mezclando lo subterráneo y lo terrestre, colocando exactamente las paradas en su posición geográfica real.

A medida que el metro crecía estos mapas se hacían más y más caóticos, las líneas se entrecruzaban, las paradas se superponían y eran difíciles de localizar. Mostrar la realidad en un mapa ya no era útil, se necesitaba otro enfoque.

El bueno de Harry Beck

Y este llega en 1931 a través de Harry Beck, un ingeniero electrónico que rediseña el mapa del metro de Londres, basándose en lo que el mejor conoce, los sistemas eléctricos. Convierte el mapa de líneas en un diagrama, donde éstas ya no siguen los recorridos reales, si no que se convierten en líneas rectas o con curvas de 45 grados. Las paradas ya no están localizadas geográficamente si no que están distribuidas equidistantes sobre las líneas.

mapa-beck

En palabras del propio Harry, la gente está demasiado preocupada en como llegar de A a B que poco le importan los detalles geográficos. La idea de Harry era que fuese sencillo ver como llegar de una parada a otra siguiendo las líneas y sin tener en cuenta donde están. Cuando vas bajo tierra no tiene gran interés lo que hay encima, lo que te interesa es donde bajar y donde subir de nuevo a la superficie, y si eso lo puedes hacer con una línea o necesitas varias.

El único elemento de la superficie que incluyó en su mapa fue el río Támesis, para servir de guía a los usuarios, pero que no estorbaba en un diseño mucho más simple que permitía centrarse en lo importante.

Aunque lo novedoso del mapa no gustó mucho al principio al poco tiempo se consolidó, no sólo como mapa del metro de Londres sino como la forma de mostrar cualquier red de transporte. Beck trabajó en su mapa hasta 1960 haciendo varios cambios y mejoras. Después de eso el mapa siguió evolucionando hasta el que conocemos hoy en día.

Los mapas que no reflejan la realidad

El ejemplo del mapa de Londres muestra otro uso de los mapas distinto a tratar de reproducir fielmente la realidad. De hecho el problema de hacerlo en este caso era la sobresaturación de información que contenían las primeras versiones, que trataban de poner todo al detalle sobre el mapa y que hacían que no fuesen prácticos. Y los mapas tienen que serlo, al menos los que tienen una función concreta. La genialidad del mapa de Beck está en su sencillez, en ser capaz de eliminar todo lo que no hace falta y hasta olvidarse casi de lo geográfico, casi porque en realidad lo que convierte a este esquema en mapa es precisamente que la información que maneja en realidad es geográfica. La verdadera genialidad de Beck fue que casi se nos olvidase eso.

Share on twitter



blog comments powered by Disqus