03 February 2017

Estas últimas semanas he tenido bastantes problemas para poder mantener el ritmo de entrenamientos que debería. Diferentes compromisos laborales, familiares, etc han hecho que me haya tenido que saltar entrenamientos o recortar en tiempo.

En principio esto no tiene porque ser un problema, al fin y al cabo no voy a ganar nada con esto. Soy un triatleta amateur que hace esto porque le gusta, como hobby, así que en realidad no debería preocuparme por cumplir totalmente un planning. Aún así, a pesar de hacer esto por diversión, el hecho de tener un objetivo claro, como en mi caso es hacer un ironman, hace que sea necesario poder cumplir un mínimo con el entrenamiento. La idea no es ganar ni mucho menos, sino terminar y divertirse, pero la diferencia entre terminarlo o no y además terminarlo en unas condiciones que no implique estar las dos siguientes semanas dolorido, sin poder andar o peor, sin ganas de volver a hacer deporte, pasa por tener una preparación adecuada.

De la mera diversión a ser un atleta amateur

En una semana de preparación normal estoy entrenando entre 10 y 12 horas semanales, pudiendo superarlas alguna semana aunque no es lo más habitual. Teniendo en cuenta que una semana tiene un total de 168 horas, no parece una cifra muy grande. Sin embargo si quitamos que de esas 168 horas pasamos unas 56 durmiendo, poniendo una media de 8 horas al día, y otras 40 horas trabajando, asumiendo la misma media de 8 horas al día, nos quedan 72 horas digamos libres. De estas 72 si quitamos una media de 12 para entrenar, nos queda que cada semana tenemos 60 horas de tiempo libre, en las que además hay que encajar cosas como hacer gestiones, ir a la compra, tareas domésticas, etc… lo que sobre de ahí es lo que realmente tenemos para disfrutar, si es que no disfrutamos con todo lo anterior claro, compartir con la familia, pareja, amigos, etc..

Hoy en día las diferencias entre un atleta amateur y un profesional se están haciendo cada vez más pequeñas. Entendedme bien, a nivel de rendimiento hay un mundo lógicamente, igual que en otros muchos aspectos, pero cada vez más tengo la sensación que hay una diferencia muy grande entre quien hace deporte por mera diversión y quien se marca un objetivo concreto. Una cosa es que salir a correr por las mañanas o coger la bici el fin de semana para hacer una ruta y simplemente disfrutar y otra es entrenar para lograr un objetivo concreto, un ironman, un maratón o lo que sea. En este caso, aunque se haga por disfrutar, creo que es un poco diferente. Cuando se sigue un plan de entrenamiento para una prueba concreta se está más cerca de un profesional en muchos aspectos, no sólo lo que a entrenamientos se refiere, sino a querer tener el mismo material que los profesionales, a volverse un experto en nutrición, a tener un poco de obsesión con la dieta, etc…

No digo que todo esto sea incompatible con el disfrute, ni mucho menos, para empezar si no fuera así yo no lo haría, y confieso que ahora mismo me siento dentro de este grupo de atletas amateur. A parte de este objetivo del ironman, estos últimos año siempre he ido teniendo objetivos y siguiendo planes para ellos. Y de hecho a veces pienso sobre que podrá venir después del ironman. Pero aún así creo que, aún estando en este nuevo grupo de atletas amateur, sigo disfrutando del deporte, y a pesar de marcarme retos y objetivos no me obsesiono con ellos.

Menos es más

Una de las cosas que he ido aprendiendo durante este tiempo es que menos es más. Un buen entrenamiento aunque sea más corto, si está bien hecho nos va a aportar más cosas que estar mucho tiempo entrenando mal o cosas que no tocan. Aquí es clave por un lado tener un buen entrenador que nos marque las pautas, y luego ser capaces de entender que habrá semanas que no se va a poder cumplir. Con esto tampoco digo que debamos asumirlo desde el principio, relajarnos y pensar que como somos amateurs y tenemos otras obligaciones nos podemos relajar y ya está. Si tienes un objetivo como un ironman, un maratón o incluso un 10K si llevas poco tiempo haciendo deporte, para poder llegar a hacerlo con garantías hay que ser constante entrenando y cumplir con un mínimo de entrenamiento.

Un entrenamiento que se pierde no se recupera. Esto es algo que creo que es importante, si un día por lo que sea me pierdo un entrenamiento no intento recuperarlo haciendo de más otro día, los sobreesfuerzos a la larga se pagan. Tan importante es cumplir con los entrenamientos como respetar la carga y los descansos, que es en realidad cuando el cuerpo asimila el entrenamiento y se mejora.

Lo mismo pasa con el material, a todos nos gusta tener lo último, las marcas se encargan de eso, pero para ser finisher de una prueba no es necesario tener lo mismo que los profesionales, que por otra parte ellos no tienen que pagar por ello. Muchas veces puede ser incluso contraproducente, como explicaba en el post de elección del casco. Tener buen material está claro que siempre es una ayuda, pero no hay que olvidar que lo importante es el indio, no la flecha.

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