05 September 2016

Bajo el título de este post quería reflexionar un poco sobre como se ve a veces la tecnología casi como si fuese algo malo, en base a dos ejemplos que me he encontrado recientemente.

La polémica del potenciómetro en la Vuelta a España

El primero de ellos tiene que ver con el mundo del deporte y concretamente el ciclismo. Estos días se está celebrando la vuelta a España, y ha surgido una polémica en base al uso de los potenciómetros. Para los que no estéis muy al tanto de este deporte, los potenciómentros son aparatos que miden la potencia que un ciclista ejerce en cada pedalada, indicándolo en watios. Son aparatos que todos los ciclistas profesionales llevan en sus bicicletas desde hace ya tiempo, y que muchos ciclistas amateurs y aficionados empiezan a usar también. Los típicos cuentakilómetros de toda la vida que poníamos en las bicicletas han pasado desde hace algún tiempo a ser dispositivos mucho más sofisticados, con GPS y con poteciomentro incluídos, capaces de medir y almacenar multitud de datos que podemos ver en tiempo real o analizar a posteriori. Los equipos ciclistas profesionales cuentan ya con personal especializado que se dedica a analizar todo este volumen de información de cada ciclista para ayudarle a mejorar en su rendimiento, planificar los entrenamientos, etc…

Conocer los watios que se ejercen con cada pedalada, así como la media que se puede mantener, es una información clave para los ciclistas, es una forma de saber empíricamente si uno va a un ritmo que realmente puede mantener o está haciendo un sobreesfuerzo que posiblemente en algún momento terminará por pagar. Chris Froome es probablemente de los ciclistas actuales que más echa mano de esta tecnología y en carrera se le ve siempre mirando la pantalla del dispositivo en su bicicleta para controlarse e intentar no salirse de su ritmo. En esta Vuelta varios corredores lo han tildado de “trampa legal”, que a ver como se entiende que se junten “trampa” y “legal” en la misma frase, pero bueno… el caso es que todos llevan este aparato, y todos tienen la opción de hacerle caso o no. Parece que Chris Froome le hace caso y le da buenos resultados, otros corredores han dicho que perjudica al espectáculo y que se debería prohibir en carrera, para que se corra más por sensaciones.

Poniendo un ejemplo un poco burto, me gustaría saber si los mismos corredores que dicen esto, cuando van al médico les gusta también que les diagnostiquen por sensaciones o prefieren que el médico use tecnología y les hagas pruebas para confirmar el diagnóstico. Los mismos corredores que usan bicicletas de última generación, con cambios electrónicos, de cuadros de carbono que se diseñan haciendo estudios en túneles de viento para ganar aerodinámica, que se ponen cascos aerodinámicos en las contrarrelojs para arañar décimas, etc…

Las gasolineras desatendidas

El segundo caso viene a raíz de las nuevas gasolineras desatendidas, donde ya no hay ningún tipo de intervención humana por parte de del establecimiento. Simplemente echamos la gasolina que queramos y pagamos con tarjeta en el propio surtidor. La crítica que se les hace es que eliminan puestos de trabajo, sin embargo no sé como nadie se queja de poder manipular una sustancia tan inflamable como la gasolina, así sin más. Llegas, coges la manguera de gasolina, aprietas y empieza a salir a gasolina, seas un intachable padre de familia o un pirómano, da igual, sírvase usted mismo.

En este artículo en el blog de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, sí es un organismo que existe aunque no se note, hablan de por qué estas gasolineras son seguras y de por qué no eliminan empleos sino todo lo contrario.

El caso de las gasolineras no es nuevo, desde hace años se habla de como la tecnología automatiza las fábricas y elimina puestos de trabajos. El ser humano ya no es necesario para realizar un trabajo repetitivo de 8 horas en una cadena, y ahora lo hace una máquina ella solita. Esto me hace gracia porque en realidad las fábricas vinieron a eliminar de alguna manera a otro trabajo, el de artesano. Antes de la revolución industrial si querías unos zapatos ibas a un zapatero, que te tomaba las medidas y te los hacía a mano. Con la industrialización los zapatos se empezaron a producir en serie, antes incluso de que nadie necesitase unos y en base a unas medidas estándar. Era más rápido y más barato. Y el pobre artesano? Pues no le quedó más remedio que reconvertirse y convertir su destreza en productos premium. La artesanía la relacionamos hoy en día con el trabajo manual, al que le damos más valor que a algo que se produce en serie en una fábrica.

Con las fábricas, las gasolineras, etc… pasa lo mismo. No es que la tecnología destruya empleos, los empleos no se destruyen sino que se transforman. Puede que no haga falta gente que eche gasolina o que pegue etiquetas en botellas en una fábrica, pero sí hace falta gente capaz de crear tecnología que haga todo eso, de mejorarla, de arreglarla cuando se estropea, de sustituirla por otra mejor y más eficiente.

Moraleja

Seamos artesanos, creemos cosas con nuestro ingenio, no sólo con nuestras manos, no pretendamos ser máquinas.

Share on twitter



blog comments powered by Disqus