20 December 2016

El pasado fin de semana, como comentaba en el post anterior, participé en un ultramaratón de 70 kilómetros. Una prueba de espíritu solidario y de carácter no competitivo organizada por los bomberos de la localidad de Betanzos y que consiste en recorrer esa distancia que separa dicha localidad de Santiago de Compostela, utilizando como recorrido el Camino de Santiago Inglés.

Era una carrera que me apetecía mucho ya que conocía a través de otros compañeros el buen ambiente que se genera, y además era un reto importante, de esos que te generan un alto grado de orgullo al decir que lo has terminado. Lo veía asequible además, ya que ya había hecho antes un ultra trail de más de 100 kilómetros.

Si os estáis preguntando por donde voy, os diré que lo hice, lo acabé y además lo pasé bien. El ambiente es muy especial y la llegada a Santiago de Compostela, entrando todos juntos, ya que nos reagrupamos un par de kilómetros antes, a la plaza del Obradoiro con la Catedral como testigo fue espectacular e incluso hasta emocionante.

Sin duda recomendaría a cualquiera que le gusten estas cosas y tenga la preparación suficiente para aguantar 70 kilómetros seguidos corriendo que lo haga. Sin embargo este post surge en mi cabeza porque en realidad creo que no debería de haberlo hecho. Cuando me lo planteé lógicamente pensé en el Ironman, que es mi objetivo, pero como faltan todavía 6 meses mi primera sensación fue que me lo podía permitir, había tiempo suficiente para recuperar.

Lo bueno

Por un lado hacer una prueba como esta en parte te puede ayudar en la preparación de un objetivo aún mayor. En primer lugar el haber podido hacer una prueba tan dura como esta da confianza. Pensando en el Ironman y en el temido maratón final, ayuda saber que eres capaz de hacer un maratón después de haber corrido 28 kilómetros antes. También ayuda a prepararse mentalmente, a saber vencer momentos en los que tu cuerpo está al límite, aprender a bloquear pensamientos negativos, conocerse, etc… Toda esta parte mental es importante y de alguna manera tiene que ser también parte del entrenamiento.

Lo malo

A pesar de haberlo hecho, de haber incluso disfrutado y de acabar bastante entero, tengo claro que esto me va a pasar factura. No sólo porque estos días tenga un buen dolor de piernas sino porque me va a afectar en la preparación del Ironman. Esta semana prácticamente no he podido cumplir con el plan de entrenamiento, he tenido que cambiarlo optando por nadar suave para relajar un poco los músculos o saltarme algún entreno, además he sobrecargado una rodilla que pinta que me dará problemas unos cuantos días más. Falta mucho para el objetivo y a estas alturas no parece tan grave saltarse una semana pero lo cierto es que sé que durante las próximas tampoco voy a poder entrenar como debería, porque este tipo de pruebas dejan tocado el organismo y este necesita tiempo para recuperarse completamente.

Pero lo hecho hecho está y tampoco quiero hacer un drama de esto. Al fin y al cabo soy un deportista amateur que hace esto por pasarlo bien y porque le gusta, sin más pretensiones. Lógicamente el Ironman es un objetivo que genera ilusión y que necesita una preparación, y desde ese punto de vista esto no ha sido una buena idea. Pero por otro lado también creo que como esto va de disfrutar al final hay que hacer también un poco lo que a uno le apetece. Centrarse demasiado en un objetivo por ilusionante que sea puede volverse en tu contra, agobiarse en exceso hace que al final no disfrutes. Así que al final creo que ha sido un error hacer esta carrera pero también creo que por mucho que lo haya analizado fríamente, sería un error que seguramente volvería a cometer.

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