23 November 2014

El fenómeno Smart City ya está aquí. Todas las ciudades quieren ser smart, es el nuevo hito tecnológico. La ciudad conectada con las personas a través de una gran red de sensores y dispositivos tecnológicos a través de los cuales fluye la información en tiempo real. Suena bien.

Soy un gran apasionado de la tecnología, así que todo esto en principio me gusta. La idea de que todo este conectado y sea inteligente, el que haya una gran cantidad de información que puedas consumir sobre muchos servicios pues suena bien, no nos vamos a engañar.

Muchas ciudades están ahora haciendo inversiones más o menos importantes para ser ciudades smart. A Coruña, por ejemplo, es probablemente una de las que más está invirtiendo. Es raro el día que no haya noticias en la prensa local relacionadas con el proyecto de Smart City. Cuando todo esto esté terminado, se supone que tendremos una ciudad inteligente, llena de sensores, donde todo estará interconectado y eso hará que los ciudadanos tengamos mejores servicios, la administración tenga acceso a mucha más información, con herramientas tecnológicas que permitirán procesarla y facilitarán la toma de decisiones, lo que al final, se supone, volverá a redundar en el beneficio del ciudadano.

Pero esto, se supone, será el futuro, porque al menos mi sensación es que el presente no es así. Hace poco me vi en la tesitura de tener que hacer unos trámites con mi ayuntamiento (A Coruña), y mi sensación no fue para nada Smart. Tener que ir de dependencia municipal en dependencia municipal, recogiendo papeles con los que luego vas a otro sitio a que te den otros papeles, pasando por el medio por una entidad bancaria, de forma física, para hacer un pago, pues muy smart no parece. Era un trámite sencillo, muy común, y no había forma de hacerlo a través de internet.

La tecnología, tal y como yo la entiendo, debe ser un medio, no un fin. Entiendo a los early adopters, al menos hasta cierto punto, y en algunos casos particulares hasta me podría considerar uno. Pero tengo claro que tener siempre la última tecnología no es una necesidad, y si quieres tenerla y estás dispuesto a gastar tu dinero en ello, pues vale, nada que objetar. El problema es cuando no es tu dinero, sino el dinero de todos, y cuando en lugar de hacer un análisis de que procesos realmente tienes que mejorar y qué inversión tecnológica necesitas hacer para ello, lo que haces es hacer la inversión primero en lo último en tecnología o lo que más de moda está en ese momento, sin haberte parado a pensar que es lo que necesitas realmente.

Con todo esto no quiero decir que este sea el caso de A Coruña, o de otros muchos proyectos de Smart City, ya que no los conozco lo sufiente como para poder opinar en ese sentido. Sin embargo mi experiencia es que este tipo de situaciones se dan demasiadas veces y que en lugar de intentar pensar en como resolver un problema tendemos a dejarnos llevar por copiar soluciones o seguir tendencias sin saber muy bien todas las implicaciones que eso conlleva.

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