05 de septiembre de 2026
Hace poco la ONU aprobó una resolución el 4 de septiembre de 2026 (resolución A/80/L.104, adoptada por 164 votos a favor, 1 en contra y 6 abstenciones) sobre el uso de proyecciones de mapa en contextos educativos y de política pública. La resolución, promovida por Togo en nombre del Grupo Africano, insta a gobiernos, escuelas y empresas tecnológicas a dejar de usar mapas que distorsionan el tamaño real de los continentes, particularmente el proyección de Mercator, que hace que África aparezca mucho más pequeña de lo que es (Groenlandia parece comparable a África, pero África es 14 veces más grande). La resolución reconoce que ningún mapa es "verdad" absoluta y recomienda que los estudiantes conozcan las limitaciones de cada proyección. Pero, ¿por qué Mercator se impuso como el estándar durante siglos?
La proyección de Mercator nació en 1569, cuando Gerardus Mercator publicó su mapa para navegantes. Su propósito original era facilitar la navegación marítima: en una proyección conforma, cualquier rumbo (línea de rumbo constante) se representa como una recta. Para los navegantes de la Edad de los Descubrimientos, eso era invaluable: podían trazar una línea recta entre dos puntos y mantener ese rumbo para llegar a destino.
Además, Mercator coincidió con el auge del comercio entre Europa y América, y su formato cilíndrico hacía que las regiones cercanas al ecuador se representaran con proporciones relativamente correctas. No es casualidad que el poder económico y naval de Europa en ese momento adoptara y difundiera esta proyección: la necesidad práctica de navegación la convirtió en el estándar marítimo.
Una vez que una herramienta demuestra su utilidad práctica y se extiende por la industria, desbancarla cuesta mucho. Los armadores, las marinas de guerra y los imperios coloniales ya tenían sus cartas de navegación, sus instrumentos y sus protocolos basados en Mercator. Cuando en los siglos posteriores surgieron nuevas proyecciones más precisas —como la de Lambert o la de Mollweide—, ya era tarde: la inercia institucional era demasiado fuerte. Los libros de texto, las colecciones cartográficas y la tradición náutica perpetuaron su uso durante siglos.
Hoy, la razón técnica que explica que Mercator siga presente en servicios como Google Maps o OpenStreetMap no es estética ni política: se debe a que en una proyección conforme, las líneas de rumbo constante se representan como rectas y las escalas locales se mantienen uniformes, lo que facilita enormemente el renderizado por teselas y los cálculos de routing. Pero ojo: lo que ves en tu móvil no es la Mercator original de 1569, sino Web Mercator (EPSG:3857), una adaptación moderna que usa las mismas fórmulas pero simplificadas: asume la Tierra como una esfera (no un elipsoide) para acelerar los cálculos de renderizado por teselas. Es técnicamente Mercator, pero no es la Mercator de los navegantes del siglo XVI.
Para trabajos que requieren precisión métrica —topografía, ingeniería, catastro, SIG profesional—, la cosa cambia: se usa UTM (Universal Transverse Mercator). UTM no es una proyección global como Mercator o Web Mercator. Divide la Tierra en 60 husos de 6° de ancho, cada uno con su propia proyección Mercator transversal local. Dentro de cada huso, la distorsión es mínima, lo que permite medir distancias y áreas con la precisión necesaria para obras civiles, planes de ordenación del territorio o emergencias. En España, por ejemplo, se usan los husos 29, 30 y 31 UTM (EPSG:25829, EPSG:25830 y EPSG:25831), y cada país tiene su propio CRS de referencia.
Lo cierto es que Mercator, y sus variantes, es una proyección excelente para medir el mundo, pero quizás no es la mejor cuando quieres ver cómo realmente es.
El punto clave que la resolución de la ONU toca es que ninguna proyección cartográfica es perfecta. Es matemáticamente imposible proyectar una esfera en un plano sin distorsionar algo: ya sea área, forma, distancia o rumbo. Cada proyección sacrifica unas propiedades para preservar otras. Si quieres profundizar en este tema, ya traté antes de la Tierra al navegador en otro artículo del blog, donde expliqué cómo funcionan las proyecciones y por qué Web Mercator se convirtió en el estándar para los mapas web.
Por eso verás que en Mercator:
La proyección de Peters (o Gall-Peters) surgió como respuesta en 1970 justamente para denunciar esas distorsiones de área, pero desde el punto de vista técnico tampoco está "libre" de errores: la escala y las distancias no están correctamente representadas matemáticamente en todo el mapa.
Los mapas, como hace tiempo me enseñaron, nunca son neutros, son un elemento de comunicación, y como tal siempre tienen una intención. Lo bueno, es que hay muchas proyecciones para elegir. Por ejemplo, National Geographic lleva décadas apostando por una alternativa que equilibra mejor las formas y los tamaños de los continentes...
La National Geographic Society ha defendido consistentemente la proyección de Winkel Tripel para sus mapas mundiales desde la década de 1990. Winkel Tripel busca un compromiso: reduce las distorsiones de área cerca de los polos comparado con Mercator, y preserva mejor las formas que la proyección de Robinson. No es perfecta (ninguna lo es), pero para propósitos educativos y de representación global equilibrada, probablemente sea una buena elección.
La resolución de la ONU se alinea con este espíritu: fomentar que las personas entiendan que los mapas son herramientas diseñadas para fines específicos, no verdades absolutas. Mercator no es "malo", es simplemente una herramienta con más de 450 años de historia, diseñada para navegantes y heredera de las dinámicas de poder de su tiempo. Hoy, la elección de una proyección u otra debe responder a la tarea que tengamos entre manos, no a la imagen que el mapa proyecta de poder o territorio.
Cuando voy a dar charlas a colegios y hablo de este tema, la reacción más habitual es sorpresa. El alumnado descubre que la Tierra no se parece al mapa que tienen en la pared del aula, y muchos profesores también se sorprenden. Y es que, aunque usamos mapas desde que tenemos uso de razón —en el móvil, en el cole, en la tele—, casi nunca nos enseñan qué es realmente un mapa: una representación parcial, decidida por alguien, con un propósito concreto.
Enseñar geografía sin explicar qué es una proyección es dejar a medias la formación. Los mapas son herramientas poderosas, pero solo si entendemos sus limitaciones. Si no, corremos el riesgo de creer que Groenlandia es del tamaño de África, que Europa es el centro del mundo o que los mapas son fotos fijas de la realidad.
La resolución de la ONU no pide prohibir Mercator. Pide educación. Y eso es lo más valioso que puede salir de todo esto: que la próxima generación no solo sepa usar un mapa, sino que entienda por qué ese mapa se dibujó así.
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